Ante el incremento mensual que viene registrando el Índice de Precios al Consumidor (IPC) durante los últimos nueve meses, considero oportuno compartir mi visión sobre la dinámica inflacionaria actual. A la luz de estos datos, puede concluirse que el proceso de desinflación no se está materializando en los términos esperados.
Para comprender lo que está ocurriendo, es necesario distinguir varios factores relevantes.
En primer lugar, los bienes y servicios regulados por el Estado —como salud, gas, electricidad, educación y transporte, entre otros— representan aproximadamente el 35% del IPC. La evolución de estos precios depende de decisiones gubernamentales y, como es de público conocimiento, han experimentado aumentos significativos tras haber permanecido artificialmente contenidos durante muchos años. Este proceso resulta consistente con la reducción de subsidios implementada para recomponer el equilibrio fiscal.
En segundo término, el análisis mensual muestra con claridad que los precios regulados han crecido por encima tanto del IPC núcleo como del componente estacional en la mayoría de los períodos recientes. Este fenómeno es lo que en economía se denomina un “ajuste de precios relativos”, es decir, la recomposición de valores que habían quedado rezagados respecto del resto de la economía.
Por otro lado, el rubro de alimentos y bebidas no alcohólicas —que representa cerca del 25% del IPC— también exhibe incrementos superiores al promedio general y de manera sostenida. Una explicación posible es el atraso acumulado durante años de controles de precios, tales como programas de precios cuidados y precios máximos, particularmente en alimentos. Asimismo, factores vinculados a la oferta y la demanda continúan presionando al alza en diversos productos de esta categoría.
Finalmente, cabe señalar que la inflación percibida por la población suele ser mayor que la informada oficialmente. Esto se debe, en gran medida, a cambios en la composición del gasto de los hogares. La canasta de consumo utilizada para medir el IPC data de 2004 y presenta diferencias significativas respecto de los hábitos de consumo actuales, lo que puede distorsionar la medición frente a la realidad cotidiana de las familias.
En síntesis, el comportamiento inflacionario actual responde en buena medida a la recomposición de precios previamente atrasados y a transformaciones estructurales en el patrón de consumo, factores que explican por qué la desaceleración de la inflación no se percibe con la intensidad esperada por la sociedad.
Gabriel Fridrij
Director
Authentica Consulting
